Sí, me equivoqué en la melodía al final de la canción. Esto lo pagaría caro más adelante. Luego que todos termináramos de ensayar, el coach vocal con cara de gran preocupación, volvería a ensayar conmigo el final de canción, me diría que moviera mis manos porque parecía un muerto y que no viera tanto la pantalla con la letra. Después de todo eso, me dijo que todo saldría bien.
Luego de mi ensayo, seguía Lynn. Sonya y yo estábamos sentados al lado del escenario listo para oír por primera vez a la concursante. Cuando yo terminé de cantar, claro que todos me felicitaron efusivamente. Pero ya saben, cuando te felicitan bastante, tal vez demasiado, comienzas a pensar: – Bueno, tan mal estoy que me tienen que alentar así.- Lynn entró en acción, cantando lindo, desplazándose por todo el escenario, moviéndose como culebra. Agreguemos a todo esto una personalidad magnética y cara preciosa para la cámara. Su ruta a sentarse a la par mía era como la caminada triunfal de la nueva Miss Universo, sólo que con una sonrisa más grande. Sonya, en mi opinión tenía una voz más bonita y su presencia ante cámara más elegante y sobria. Pero su culebreo o carisma eran inferiores a los de Lynn. Fuera de ese mundo, uno diría que Sonya es más humilde, más buena gente por tranquila. Cuando Sonya terminó de cantar llegó con nosotros y Lynn le dijo – Ya ganaste .- La vocecita en mi cerebro dijo – Bueno aquí hay un relleno y ese soy yo. Esta competencia es entre dos mujeres. Por eso me pusieron primero. Tal vez Lynn tiene razón, y esto es de Sonya.
Quedaban minutos para comenzar el show y la mayoría se fueron en la regañada que ya les conté, también en las constantes caricias de Lynn a mi pierna. No sé si era como premio de consolación o si mi pierna fornida y peluda era la apetecible. Había llegado el momento crucial, música, luces, público, todos juntos para darme la experiencia de la vida. Llegó el anfitrión del show (el que la hace de Ryan Seacrest) a decirnos que aunque todo se nos olvidara, él nos llevaría paso a paso y que siempre podíamos depender de él. Lynn comenzó a hablar con él de equipos de fútbol americano de no se cual universidad y Sonya y yo contemplando la luna. El anfitrión, claro un hombre alto, delgado, impecable como modelo de revista para blancos. Con el traje crema, ya sólo le faltaba la caja de Ken para envolverlo.
Nos pusieron en fila y salimos como locos al escenario saludando a la oscuridad, la luz del escenario nos segaba de lo que estaba al frente. Los aplausos y sonidos eran como de la recepción para súper estrellas. Cada uno se puso en su estrella respectiva marcada en el piso y nuevamente salimos corriendo fuera del escenario como perritos amaestrados. Pero no antes de presentar a los tres jueces. El primero un afroamericano de buen temperamento, la segunda una latina morena pequeñita con ojos achinaditos y el último un tipo engreído con cara de pocos amigos. Todo esto para imitar en lo más posible la composición de jueces del show televisivo.
Ya tras escenario me dieron el micrófono inalámbrico para inmediatamente salir. Mi nombre saldría en la pantalla gigante debajo de mi rostro. Lynn y Sonya podrían ver y oír mi actuación en el monitor fuera del escenario y yo estaría enfrentando al miedo y lucharía con él hasta vencerlo.
Seguirá.





