En mi opinión el juez más aburrido de American Idol es Randy Jackson. No fue la excepción en este caso, el afroamericano me dijo que mi voz estaba bien, que era importante no ponerse nervioso y moverse en el escenario. La mujer del panel, me preguntó si tenía entrenamiento. Yo contesté que un poco. Prosiguió – Nos has hecho recordar las voces de Andrea Bocelli (la “c” en italiano se pronuncia como “ch”) u otros clásicos. Tu voz es muy bonita, buen trabajo.- Cuando uno está acostumbrado a cantar clásico (soy tenor) es muy difícil cantar música popular porque no encaja el estilo. Durante el proceso tuve que evaluar si al cantar ante el público lo haría con la voz operística. Terminé cantando una combinación algo extraña. Siempre me preguntaré cómo hubiera sonado esa canción en completa voz clásica. Estoy seguro que no me aceptarían cantando así en las audiciones. Pero nada hubiera impedido que lo hiciera ya seleccionado; una idea interesante.
Le tocaba turno al tercer juez (el imitador de Simon Cowell, hasta en el acento) quien tenía el papel del malo, del odioso. Me dijo así – La voz tiene todo que ver con la posición. Tu posición es de regreso en El Salvador.- El público abuchea y yo me río de vergüenza. El público aplaude y salgo del escenario escoltado por el sentimiento de alivio que ya terminó mi participación. El siguiente segmento era de la vida y comentarios de Lynn. Habían sido pregrabados para ser puestos antes de su intervención. Mi segmento fue Adam Lambert dándome consejos de cómo atacar el escenario (una grabación pasada en la pantalla del escenario). Y el segmento de Sonya sería de personas del público deseándole suerte y una niña, especialmente diciendo palabras de aliento.
Salió Lynn de cantar, yo vi todo en el monitor fuera de escenario, fue tan bueno como lo que hizo en el ensayo. Esa canción “Black Velvet” hace sacar deseos reprimidos y tener la vida alterna por unos minutos. Con esa emoción al verme, casi corrió hacia mí y me dio un abrazo un beso tan cercano a la boca que ya no me quedó duda que le caía bien. Lynn estaba en las nubes, y todos nosotros eramos extras en su película.
Sonya cantó “Hit Me With Your Best Shot” como su himno de rebeldía, pero no tan en serio. Al salir, siguiendo la línea Lynn, me dio mi respectivo abrazo, no sin antes dárselo a otras dos o tres personas más. No tiene nada de malo ser uno más del montón, un abrazo es un abrazo. El momento fue interrumpido por los aplausos afuera, la gente estaba lista para votar. Cada asiento tiene en su respaldo de brazo derecho un tablero con los números del 1 al 6. Cada asistente, en el momento indicado, apreta el número que corresponde al cantante que prefirió. La totalidad de la votación del grupo define quien pasa al show final del día. Fuimos llevados al escenario una vez más y el anfitrión, por cada uno repasó lo más importante que dijeron los jueces de nuestra presentación. El Ken dio la orden al público de votar y sonó la música para ese momento. Mi mente decía: – Quiero el milagro de ganar, quiero que digan mi nombre. Para qué me doy paja si Sonya va a ganar. Ya estuvo, fue suficiente emoción por un día. No, quiero ganar, hey quiero ganar.- El Ken abrió el sobre y…
Sólo falta la última aportación.





