En El Salvador, la Asamblea Legislativa ha aprobado una ley (falta su sanción por el Ejecutivo, todavía no es ley de la República) que hace obligatoria la lectura de la Biblia en las escuelas públicas y privadas por un máximo de 7 minutos por día. La Iglesia Católica se ha pronunciado en contra por razones doctrinales y de principios y los de izquierda y grupos afines la rechazan por considerarla inconstitucional. Por el otro lado, los de derecha y muchos grupos evangélicos apoyan la medida basados en su convicción religiosa que la Biblia tiene un poder sobrenatural para afectar la conducta de los que escuchan. Los últimos han lanzado una campaña en los diarios de mayor circulación y otros medios para que el Presidente Funes sancione (convierta en ley) la referida.
Esta ley no soportaría un recurso de inconstitucionalidad. La Sala de lo Constitucional la declararía inconstitucional por violar varios preceptos fundamentales. Sobre este tema se ha escrito y hablado mucho, así que voy a referirme a las que pienso son las razones principales por qué esta ley es inconstitucional.
Para entender este tema es necesario referirnos a la historia. Nos ha tomado mucho tiempo llegar a comprender la importancia de la libertad de culto y la separación del estado y la iglesia; también llegar a entender que hay ciertos derechos que no están sujetos de controversia o decisión popular. Estos derechos incluyen el derecho a la vida, privacidad y los que atañen aquí, la igualdad y libertad de expresión y culto.
Muchos evangélicos y otros creen fervientemente que si la gente siguiera los preceptos bíblicos (tal y como ellos los entienden), la sociedad fuera exponencialmente mejor. Esa fue la creencia en la Edad Media cuando la Iglesia Católica tenía hegemonía legal, cuando las reglas religiosas eran las reglas legales y se suprimía el saber científico, si recuerdan el caso de Galileo. Todavía encontramos vestigios de esto, evidenciado por la gente que aún cree en el creacionismo y niega la evolución.
La lectura de la Biblia en las escuelas viola el principio de igualdad porque impone una forma de pensar religiosa sobre las demás. Los que apoyan la medida no realizan que no todo el mundo cree lo que ellos y que este tipo de creencias, nadie está obligado de creer. Las creencias religiosas son voluntarias, nunca impuestas porque no están sujetas a controversia o prueba. Cuando, por mandato del Estado, un grupo puede imponer su religión a otro, se viola ese derecho sagrado de libertad de culto e igualdad. Sólo basta tener un poco de empatía para entender esto. A ningún evangélico le gustaría que por decreto se leyera el Corán por ni tan sólo 5 minutos. Y esto es lo crucial, tan válido es el derecho del musulmán de creer que su libro sagrado es superior a los demás como el cristiano creer que el suyo ostenta la primacía. Como es cuestión de creencia religiosa, jamás el Estado debe declarar lo uno o lo otro: es que no se puede, no está sujeto de validación. Ese es el punto de la fe. La misma definición de fe es creer sin evidencia. El creer por evidencia ya no es fe.
Lo que se le permite a uno y se le niega a otro, que tiene el mismo derecho, es lo que no se puede. Así es de simple. El hecho que yo crea que el otro está equivocado sin que éste lo pueda refutar tampoco se puede. Seguimos en la próxima.

No tengo mas comentario que una palabra: Correcto…..!