La democracia nunca debe ser absoluta ni tampoco considerarse como la máxima expresión de la forma de gobierno. Los referendos y plebiscitos son forma de participación directa (democracia directa) de la ciudadanía donde éstos pueden decidir sobre aspectos que incluyen el ámbito legal. En general, esto no debe ser así ¿Por qué? La mayoría de personas no tienen el conocimiento suficiente ni el criterio necesario para saber sobre lo que están votando. Si los temas son sobre situaciones locales y no complicadas, no parece ser mala idea: abrir una calle, construir un parque, etc.
Por eso tiene sentido la democracia representativa, donde el conglomerado decide quién actúe por ellos; y por eso existen períodos razonables para nuevamente elegir a los representantes.
Los mecanismos de referendos y plebiscitos se prestan muy fácilmente a engaños y manipulaciones. Sólo basta con que los de turno, con dinero ajeno, regalen y hagan promesas para convencer al electorado de votar de tal o cual manera. Sí, eventualmente la gente cae en cuenta pero, ya para cuando realizan el error, el daño está hecho y en el mejor de los casos toma mucho tiempo recuperar lo perdido. En el peor, los del poder están tan acuartelados que es casi imposible removerlos.
