
El crédito nos da gratificación instantánea
El ser humano no está diseñado naturalmente para evaluar efectos más allá de los presentes. Los mecanismos de evolución que hemos desarrollado nos permiten evitar peligros inminentes e inmediatos. Cuando comemos comida contaminada, en un corto plazo, sentimos los efectos adversos y nuestro cerebro hace la conexión directa entre la causa y el efecto. Esta conexión nos permite evitar lo que nos ha hecho daño para futuras ocasiones. Sentimos inmediatamente el excesivo calor que emana de una llama y rápidamente quitamos la mano en peligro.
El problema serio es cuando nuestras acciones no producen un efecto inmediato, sino que éste se retarda. Si fumar causara cáncer al instante y sufriéramos efectos respiratorios negativos en el momento sería minúscula la cantidad de personas que fumaran. Tendríamos muy pocas personas muriendo de ataque al corazón por la congestión arterial o por cirrosis.
Lo anterior explica perfectamente por qué muchos están ahogándose en deudas de tarjetas de crédito. El efecto de la imposibilidad de pagar las deudas no se puede apreciar mientras estamos topándolas con gastos superfluos. Disfrutamos de la inmediatez de lo que compra el crédito ahora sin percatarnos de su impacto posterior; en concreto, no poder comprar nada o casi nada en el futuro. Lo que se compra al crédito es mucho más caro que lo que se paga al contado. Pero no compramos barato porque tarda un tiempo ahorrar y preferimos la gratificación instantánea porque no podemos sentir los efectos de ese error.
Eso nos trae a la Escuela Bolívar y lo veremos en la próxima.