Si un partido es el reinante no es tan buena idea decir “vamos con todo” porque suena a miedo. Por otro lado, surge la pregunta: ¿Sobre qué vamos con todo? Será que estamos desesperados y por eso hay que ir con todo. Peor, ¿antes no íbamos con todo y hasta ahora sí? El “vamos con todo” es débil porque es tan general que permite especular en múltiples direcciones. Por otro lado, los absolutos “todo” y “nada” son peligrosos porque no transmiten sinceridad. Cuando alguien dice “yo soy todo tuyo”, sabemos que es una hipérbole (exageración) para lograr el efecto deseado. Es más, la expresión usada por ARENA es hiperbólica porque es imposible que vayan con todo. Por último, ¿qué es el todo? Si no puede ser literalmente todo, entonces a cuál todo se refieren.
No piensen que estoy siendo yo el exagerado en poner tanto énfasis en las palabras. Alguien podrá decir que no es para tanto, que no hace diferencia y que la gente sabe lo que el mensaje quiere decir. Yo propongo que no es así y que cuando el mensaje que compite directamente es obviamente superior, entonces puede afectar el resultado final.
En la próxima veremos las virtudes de “viene el cambio”.