Algunas de las pruebas más interesantes de la evolución están en el mismo cuerpo humano. Si la teoría es cierta, nuestro cuerpo tendría partes en transición. Un cuerpo que no fuese producto de un diseño perfecto y final, incluiría vestigios de su pasado evolutivo. Y esto es precisamente lo que encontramos en el cuerpo humano.
En muchos individuos el músculo palmaris longus no se encuentra en ambos brazos y en un 16% de la población caucásica no existe en ninguno de los brazos. El 10% de la población total no tiene en uno o los dos brazos. La razón es sencilla. Es un músculo innecesario, no tiene ninguna función. Como lo predeciría la evolución, va en camino de desaparecer. Por cierto, existe un músculo similar en la pierna con la misma suerte.
El pie tiene más o menos los mismos músculos que la mano pero no se usan todos. La explicación evolutiva es que antes usábamos ambas extremidades de casi la misma forma.
Los más famosos de estos ejemplos son el apéndice y el coccix (la colita). El primero no tiene función en el humano (en las vacas sirve para la digestión) y el segundo es el vestigio de una verdadera cola (sí tiene una limitada función aún).
Con esto terminamos la serie de la evolución. La próxima es la serie sobre EL SECRETO, el verdadero secreto.

