Tres personas se encuentran perdidas en el bosque y no han encontrado la forma de salir. Les entra la desesperación, hambre y sed. Uno de ellos encuentra una fuente de agua, el otro trae consigo diferentes frutas y el último un conejo vivo.
Se llega la noche y después de beber y comer, buscan un lugar para dormir. A la mañana siguiente, uno de los tres hombres aparece muerto. Su aspecto delata que ha muerto por envenenamiento. Todos tomaron de la misma agua, y ésta queda descartada. Pero la variedad de frutas es lo suficiente como para no saber exactamente cuál fue la mortal.
Esta historia ilustra la importancia del método científico. Es obvio que existe una forma para determinar cuál fruta era venenosa. Nos podemos imaginar diferentes tribus y comunidades pasadas donde usaron ciencia para determinar lo que se podía comer. Modernamente, la mayoría no requiere, para vivir, saber qué es el conocimiento científico y cómo se adquiere. Sólo basta que algunos pocos lo sepan para que todos nos beneficiemos. El enfermo puede no tener ni la más mínima idea de cómo la medicina que se tomará lo va a curar. Se puede dar el lujo de tomarla con fe. Pero esto es porque hubo esos pocos que no aceptaron nada por fe y usaron el método científico para lograr que la medicina curara.
Pero eso no quiere decir que la gente que ignora la ciencia no puede sufrir y de hecho sufre consecuencias graves por ello. Y esa es la razón por qué vale la pena educarnos en este tema. Es cuestión de calidad de vida. La ignorancia la desmejora… continuaremos.