
El Avaro Capitalista
De “sucio capitalista” me tildaron en uno de los comentarios hace poco. Generalmente los socialistas no tienen mucho de bueno qué decir sobre los capitalistas y últimamente poca gente se auto denomina capitalista, sospecho que por la misma razón. Hemos inventado decirnos de derecha, conservadores, neoliberales, de economía de mercado, etc. Y es que los socialistas sostienen una bandera con todos los elementos más preciados para el humano. ¿Quién estaría en contra de la educación y alimentación para todos? ¿Quién sostendría que es bueno que haya gente pobre o esclavizada? Entonces, el socialista predica que su sistema busca que todos los humanos tengan igualdad y justicia. Lo que muchos no entienden es que el capitalismo busca exactamente lo mismo que el socialismo; la diferencia es el método.
El gran discurso socialista es justicia para todos; para el socialista, lo justo es que todos tengan su parte. Entonces, se preguntarán, ¿y cómo es posible rebatir esa idea si suena bien? El que la rebate, supuestamente queda como un ser vil e inmoral. Pero, es necesario, imperativo rebatirla porque el resultado de buscar que todos tengan su parte como un fin es desastroso.
Imaginen al Pedro que ha pasado toda su vida trabajando y ahorrando para comprar un terreno. Su sueño es poder cultivar esa tierra para que produzca lo suficiente para él y su familia. Al morir, Pedro ha acumulado una cantidad sustancial de dinero y propiedades las cuales lega a sus hijos. Juan, uno de los menores continua en la ruta de su padre y aumenta el valor de la riqueza heredada que a su vez al morir se la hereda a su prole, los nietos de Pedro.
Cuando Pedro era niño tuvo su primer par de zapatos a los 12 años, y miraba como los hijos de los hacendados tenían ropa lujosa y de brillantes colores, comparado con sus harapos. Decidió Pedro que sus hijos y sus nietos, algún día tendrían todas esas cosas maravillosas y más. Nunca pudo ver a sus nietos en esas ropas brillantes que ahora usan, ni los carros lujosos en los que andan.
Tampoco pudo ver cómo, de repente los políticos socialistas comenzaron a endulzar la mente del Pedro pobre de la actualidad que aunque tiene celular, televisión y zapatos desea estar en igualdad con “los ricos”. Esos políticos, en nombre de la justicia para todos, le han quitado tierras y propiedades a los nietos de Pedro para distribuirlos entre la gente pobre.
Claro está que los socialistas no ven la historia completa, sólo miran la foto del momento y en ésta se mira el gesto de bondad y altruismo donde se le quita al rico para darle al pobre y lo justifican pregonando que no es posible que el que se muere de hambre no reciba del que tiene de sobra.
La película completa es esta: en el momento que el humano se da cuenta que su esfuerzo y su trabajo tendrá que ser compartido con otros, él no se esforzará igual. ¿Cuál es el incentivo de alguien para ahorrar $100.00 si cuando los ahorre tendrá por fuerza que repartirlo a todos los que sólo tienen $1? La respuesta es obvia. Y como es obvia, los socialistas ponen un gran énfasis en la educación. Y su gran consigna es instruir al humano en ser noble, dador, altruista, sacrificado de su interés personal en favor de la colectividad. Para ellos, el médico debe estudiar 12 ó más años en la universidad y ganar más o menos lo mismo que el barrendero, porque ambos son dignos y merecen la misma categoría, aunque aprender a barrer sólo tarde unas cuantas horas. ¿Cuál es el incentivo del médico? Bueno, para el socialista, su nobleza, altruismo y sentido de sacrificio.
La ironía es que al buscar la igualdad, se crea la desigualdad más grande y la pobreza superlativa. Sí, es un poco difícil de entender que al poner la libertad y el individualismo antes que a la igualdad, el resultado es más igualdad y riqueza para todos. Pero esta es la realidad. Piensen cuánta gente disfruta de andar en o manejar un vehículo. Es una cantidad ínfima de personas en el mundo que saben cómo un carro funciona y puede transportarnos de un lado a otro. Sin embargo, todos los demás disfrutamos del beneficio de ese conocimiento, de esa desigualdad. La desigualdad no sólo es necesaria, es indispensable para nuestra supervivencia. Sería fatal que todos fuéramos exactamente iguales en todo. Sólo piensa en la esposa o esposo que te ama por ser tú, individual, diferente a los demás. ¿Qué pasaría si fuéramos intercambiables o sustituible? Qué horror.