
Dinero Fácil
Miguel Bautista nació comerciante. Desde pequeño le gustó transar y recibir ganancias de sus trances. Iba al mercado a comprar por montones, lo que fuera, y luego lo vendía al menudeo. Vendía dulces, chicles, frutas, siendo su corazón de empresario, sintiendo que el dinero podía llegar a él fácilmente. Rápido aprendió el principio que la ganancia se hace cuando se compra, no cuando se vende. Con el tiempo sus negocios fueron haciéndose más complejos, más interesantes, más maduros. Su cúspide llegó al meterse en el negocio de ser prestamista. Aprendió a prestar dinero y asegurarse con las hipotecas de los inmuebles de sus clientes. En ese mundo, le pareció natural entender que las oportunidades se aprovechan cuando alguien está en necesidad y pide prestado en desesperación. Captaba bien que esperar el momento oportuno cuando un alma en pena empeña una moto, un carro, una casa es el truco y la llave de las ganancias. Y como todo buen prestamista, tenía la sabiduría de esperar pacientemente al cliente indicado, a la persona motivada por su gran necesidad.
Miguel pensaba que el empresario exitoso es disciplinado y paciente. No muchos logran salir adelante como mercaderes de toda una vida. Los impostores, esos disque empresarios, esos mercantes amateur, son los que se gastan las ganancias que deberían reinvertir, son los que venden antes del tiempo indicado, son los que no reconocen las verdaderas gangas. Éstos se quedan en el camino para perder hasta lo que no tienen. La disciplina mercantil viene de entender que la ganancia de tal o cual transacción no es propia. No se debe disponer de ella como si fuese salario o beneficio inmediato. Los frutos se gozan mucho después, cuando ya existen tantos árboles plantados y de todos se saca su justa porción. Miguel tenía sus arbolitos, un negocio de venta de vehículos por ahí, entre 10 a 15 préstamos otorgados a parientes y amigos por allá, un par de casas alquiladas, en fin, un jardín completo con sus árboles frutales.
Julio Urcía es un hombre alto, de tez morena, cuerpo fornido y esculpido, producto de su régimen de pesas diario. Su cabello es negro, espeso y tupido que se eleva hacia atrás, mantenido fijo por la adherencia persistente del gel. Maneja una barba sólida que cubre casi todo el rostro y termina con un candado al centro, en un bigote perfectamente cuidado. Su voz es profunda y grave y al oírlo y verlo por primera vez, despide un aire de liderazgo, confianza y respeto. Al hablar, sus gestos son firmes y pausados, como si siempre está dando un discurso de superación personal.
Julio es dueño de una venta de repuestos usados que queda en una calle principal donde están apiñadas una tras otra, en la variedad y especialidad para todos los gustos y necesidades, las demás ventas de repuestos. Afirma él que se ha enfocado en una estrategia de comprar vehículos chocados en el extranjero para deshuesarlos, bajo la premisa que vender las partes suma mucho más que vender el todo de una sola vez. Los que ocupan esta fórmula de comprar el todo para venderlo por partes juran que es altamente lucrativa. Y es cierto que esa estrategia es milenaria y muchos magnates de antaño la usaron para acumular sus fortunas. Comprar negocios en quiebra y venderlos por pedazos, comprar edificios abandonados y venderlo por secciones, comprar extensiones de tierra sin uso y venderlas por lotes, todo se centra en la misma idea de tomar el todo y ganar más con la suma de las partes.
Como suele suceder, los caminos de las personas se cruzan sin planificación ni esmero y el destino tuvo a bien que Miguel y Julio se conocieran al final del culto dominical. El pastor fue el que confabuló para el encuentro. Sabiendo que Miguel es un conocedor de carros, al pastor se le ocurrió que podía hacer buena química con el vendedor de repuestos. Y no fue que el Pastor Serrano planificara con gran antelación crear esta conexión, sino su acción fue espontánea del momento, producto de la cercanía fortuita de los tres, de la rápida asociación de los puntos en común entre Miguel y Julio, de su deseo constante de conectar a sus feligreses. El encanto inicial, a los ojos de Miguel, fueron las historias de éxito en un rubro considerado por muchos difícil. Los conectes privilegiados del Japón que otorgaban precios preferenciales, los amigos especiales del norte que compran las gangas más increíbles en las subastas de carros, el manejo y conocimiento superior de inventarios, todo esto hacía de Julio un empresario digno de admirar.
Julio se convirtió en una fuente más de consultas técnicas para Miguel; qué tipo de repuestos son los más solicitados; que vehículos se venden más y a que precios; por dónde se está moviendo la oferta y demanda de repuestos; en fin todo aquello relacionado con la experticia de Julio. Según Julio, su negocio es privilegiado porque el margen de ganancia sobre cada repuesto es superior al 300%. Julio le explica que todo se trata de saber mover el inventario correcto. Le cuenta que él tiene su fuente de inversionistas que le facilitan dinero para aprovechar comprar lotes grandes, obteniendo así excelentes utilidades. Son inversionistas que pertenecen a su grupo exclusivo.
Miguel tiene que preguntarle a Julio que cuánto ganan los inversionistas en este negocio, la curiosidad apoderándose de él, las posibilidades de hacer dinero trepándose en sus pensamientos, las dudas surgiendo del cómo y por qué. Julio dice que no puede darle un dato exacto, que eso depende del tipo y cantidad de lotes que se compran. Comenta Julio que generalmente es arriba del 50%, pero que algunas veces puede ser más, hasta el 100%. Explica Julio que si un inversionista aporta $10,000.00, a la vuelta de un mes, puede recibir $15,000.00. No todo el tiempo requiere dinero de inversión, el negocio nunca podría sostenerse así. Solo es necesario el influjo de capital cuando se presenta la oportunidad de compra inmediata y hay que actuar rápido. En el momento que el negocio no cuenta con el efectivo al instante, el grupo de inversionistas es súper útil, haciendo que todos se beneficien.
Miguel se quedó envidiando la suerte de este grupo de personas porque esos rendimientos tan rápidos son casi imposibles de encontrar, de hecho no se encuentran. Tal vez algún día Julio quiera incluir a Miguel, pero lo duda porque los que ya están jamás querrían salir del círculo. Además, Julio nunca le ha mencionado o pedido nada a él y se imagina que no lo haría en el futuro, aun sabiendo éste que Miguel presta dinero como parte de sus negocios. Sí, recuerda Miguel que en alguna ocasión él mismo le contó cómo era su forma de prestar y las reglas de cómo lo hace.
Miguel tiene una tarifa estándar en sus préstamos: el 5% mensual. Las personas pagan solo el interés y al final regresan el monto prestado, nada de amortizar al capital, siempre calculando el interés sobre el monto original. Si hablamos de un año, es un rendimiento neto del 60% sobre lo prestado. No solo es apetecible sino que también seguro. Miguel nunca presta sin un mutuo con garantía real, preferiblemente un inmueble. Muy raras veces toma un vehículo o similares. Eso de las joyas en consignación no es su estilo.
Julio y Miguel se juntan algunas veces en el negocio del primero, otras veces platican a la salida de la iglesia y raras veces hacen tertulia tomando café en un centro comercial. Las pláticas son variadas y no puede faltar la franja de deportes, especialmente los recovecos de curiosidades de la Fórmula 1. Últimamente Julio está descontento con uno de sus inversionistas porque, a diferencia de los demás, algunas veces se atrasa en aportar el dinero para la compra del momento. No es que le ha pasada tan seguido, ni tampoco es que se ha tardado tanto tiempo en dar el aporte. Lo que pasa es que Julio considera que por lo grandes beneficios que recibe, debería ser mucho más presto y diligente este tipo. La expresión de Julio es como de alguien que solo está desahogándose y protestando pequeñeces. No se siente en sus palabras la sensación que algo anda mal o que se debe hacer algo al respecto.
Pasan los días. Suena el celular. Miguel contesta y es Julio al otro lado del auricular.
–Hola Miguel, ¿cómo vas?-
-Hola Julio, mira que pensando en vos estaba.- Contesta Miguel entusiasmado que no fue él el que tuvo que gastar en la llamada porque realmente quería hacerle a Julio una consulta sobre un repuesto.
–Ah, ¿de verdad? Qué bueno, creo que estábamos sincronizados entonces- contesta Julio en un tono jovial.
–Fijate que quería llamarte para proponerte algo.-
-Contame, ¿a ver?-
-Tengo un cargamento que está listo para que me lo despachen. ¿Te acordás de ese inversionista que algunas veces me falla? La cuestión es que este pedido es de $50,000.00, con casi todo el dinero ya reunido. Por culpa de este tipo, me he quedado corto por $1,000.00. Si vos tenés disponible esa cantidad, en 15 días te los devuelvo y de ganancia te quedarían $500.00.-
Miguel no pensó mucho su respuesta y ofreció ir a dejar el dinero en ese momento. En el camino iba pensando en que si el dinero no se lo regresaba Julio, no era mucho y con eso le quedaría la lección aprendida. No se le imaginaba cómo Julio podría no pagarle, tal vez no darle los $500 extras completos, pero si alguna cantidad. Si realmente los rendimientos que Julio daba eran así, sería emocionante ganar esos pesos rápidamente.
Tal como prometió Julio, exactamente 15 días después del préstamo, él entregó a Miguel constante, aunque no sonante, los billetes que sumaban $1,500.00. Al hacer la entrega, Julio agradeció a Miguel su pronta ayuda y le contó que ya se habían arreglado las cosas con su otro inversionista y que ya no habría necesidad de volver a pasar por ese episodio. Miguel, alegre de recibir la plata, refutó a Julio diciéndole que no se preocupara, que si volvía a tener cualquier necesidad de efectivo que por favor contara con él. Julio agradeció ese gesto y aseguró a Miguel que quedaba comprometido con Julio para futuras oportunidades.
No pasó mucho tiempo cuando Julio nuevamente llamó a Miguel para esos $1,000.00, todo por culpa del mismo tipo que estaba teniendo problemas financieros y no cubría su cuota. Miguel con gusto aportó el dinero y secretamente agradecía al tipo, quién sabe quién, por la fortuna que ahora trasladaba a él. Ganar $500.00 en 15 días realmente era una gran cosa y Julio, como un reloj atómico, como un cartero fiel, en el día indicado, nuevamente entregó a Miguel su aporte y respectiva ganancia. Miguel no solo se sentía un hombre bendecido sino que también una persona muy inteligente, un empresario capaz, alguien que sabe cómo hacer dinero de la forma más habilidosa.
Pasó un mes y medio sin contacto con Julio, ni una vista por la iglesia, ni una llamada, ni un café de la tarde. Con los días Miguel aumentó su ansiedad, su deseo de participar en lo bueno y jugoso, pero nada, nada de Julio en el horizonte. No pudo más, le ganó la curiosidad, le ganaron las ganas, Miguel hizo la llamada.
–Julio, te saluda Miguel, ¿cómo estás? ¿Cómo va todo?-
Con la voz vibrante y entusiasta Julio contestó –Miguel, no te imaginas en lo que ando ahorita. Tengo el pedido más grande del año y ando corriendo para arriba y para abajo con eso. Este pedido sí que me va a traer una ganancia exagerada. Acabo de conseguir unos motores japoneses totalmente nuevos, solo de poner. Están perfectos. Te imaginas que es una transacción de $200,000.00 y ya tengo todo listo para la operación. Es más, ya tengo todos los motores reservados aquí, así que en menos de 30 días he logrado darle vuelta a este negocio. Cada inversionista va a poner $50,000.00 y yo les voy a regresar en 60 días $100,000.00.-
-¿Y ya tenés a todos los inversionista listos?-
-Sí, ya mis 4 inversionistas más importantes me han confirmado. Todos están listos con la plata en 3 días.-
-Wow, mirá qué bien. Espero que todo te salga perfecto mi amigo.-
-Sí, gracias Miguel. Hablamos al rato.-
Una ganancia del 100% en 60 días, eso corría por la mente de Miguel; una oportunidad de oro para el que tiene el dinero. Miguel tenía ese dinero listo. ¿Por qué no él ser el beneficiado, el de la suerte?
Luego de dos días, a las 8:03 pm sonó el celular de Miguel. Era Julio. Uno de los inversionistas, el tipo de siempre, el que juró y perjuró que no iba a fallar, a último minuto, se había jalado. No tendría lista la plata para el día siguiente. En un tono tranquilo pero firme Julio le dijo a Miguel – Fijate que ya tengo listo a otro inversionista para cubrir lo que Carlos no puede pero pensé en lo que me dijiste, y por la afinidad y amistad que hemos tenido, quise primero preguntarte a vos si quisieras participar en este negocio. Claro, eso es si tienes $50,000.00 disponibles para mañana a las 9:00 am.-
-Gracias Julio, gracias. Sí tengo la plata y te la puedo dar mañana. Lo único que no sé cómo haríamos con la escritura para ese dinero.-
-Ah, es cierto, ya me acordé que vos trabajás así. Mirá, tranquilo, en una próxima vez lo podemos hacer. Es que tenés razón que el tiempo está apretado. No te preocupés, yo ya tengo otra persona con quien puede conseguir el dinero y luego para futuro, si necesito dinero tuyo, ya sé cómo lo tenemos que hacer.-
-Julio, esperá. Yo creo que lo podemos hacer como tú dices. Mañana te llevo el dinero y solo me firmas un documento. No quiero perder esta oportunidad. ¿Te parece?
-Ok, como tú digas, porque de verdad, no hay problema. Yo puedo conseguir la plata con otra persona.-
-No, no, yo te la doy. Mañana antes de las 9:00 am estoy ahí y listo.
Miguel entregó el dinero a Julio. Pactaron que esa misma semana Julio firmaría el mutuo respaldando la operación. Cuando posteriormente Julio explicó a Miguel que no era posible llegar para firmar, por estar muy ocupado con la venta de los motores, Miguel no sospechó nada, ni se preocupó. Sin embargo, con los días de no aparecerse Julio y acercándose la fecha de entrega del dinero y su ganancia, la ansiedad de Miguel subió hasta bullir.
Miguel nunca recuperó su dinero. Había sido víctima de una estafa, siendo esa la anatomía de una perfecta. Primero es el dulce y luego viene el verdadero premio. Así se explica cómo mucha gente inteligente cae. Y es la persona muy lista, muy hábil la víctima perfecta del fraude perfecto. Los simples están por debajo de la guillotina, en esta ocasión.