Para que tenga provecho máximo la discusión continúo haciendo la distinción entre la perspectiva filosófica y la empírica técnica. No que no sepa que la verdadera filosofía se alimenta en gran parte del empirismo, pero tomo un poco de licencia, obviamente para no decir que el punto de vista de Luis es pura opinión o especulación.
Luis escribe: “No podemos hablar aquí de esa prosperidad a la cual tu haces mención pues tus conceptos de ella están inmersos en el “consumismo” al cual mucha gente venera, producto del enajamiento mental al cual lo someten los dueños de los medios y defensores, que se lucran, del sistema;“
Y en otra parte escribe: “Hablas de la proscripción, en el socialismo, de algunos derechos, tengo entendido que en el socialismo no se coarta la liberta individual, la cual se encuentra liberada de la deformación que le introyecta el capitalismo al individuo al crearle conceptos falsos de ella como el libertinaje, que esta condicionado por el estimulo del medio que los capitalistas le ofrecen a la población: alcoholismo, violencia, drogadicción, insensibilidad al prójimo, explotación sexual y laboral, oportunismo, avaricia, consumismo, ostentación, etc. Y de allí el porque en esto países abunda todos los males que te he mencionado, por esa idea de la “ostentación de riqueza material personal” que vende como éxito.”
Voy a resaltar uno de los tantos problemas técnicos del socialismo. Se debe dar una solución que no contenga contradicción, que no sea ilógica. Por un lado, el socialismo tiene las aspiraciones de libertad, justicia y principalmente equidad para el conjunto de individuos (dicen ellos, el pueblo). Y mira al capitalismo como la herramienta de los poderosos (económicamente hablando) para esclavizar, lavando los cerebros y teniendo secuestrada la moralidad del pueblo. El resultado, según los socialistas, es ese mundo deplorable que describe Luis. Para liberar al humano de esta opresión y quitarle la venda que no le permite ver la luz, el socialismo quiere enseñar los valores fundamentales de equidad, solidaridad, amor al prójimo, etc. Pero es aquí donde nace la contradicción. Ese “enseñar” conlleva atropellar precisamente las mismas aspiraciones que pretenden defender y exaltar.
Lo que Luis y los socialistas no ven es que “esta luz” es la imposición de una forma de pensar sobre otra; mediante una élite política (supuestamente representando al pueblo: una ficción ideológica) y con el uso de la fuerza (legítima, porque ahora están en el gobierno haciendo y deshaciendo leyes para cumplir con sus objetivos) dictan lo que está bien y lo que está mal, qué se debe estudiar, disfrutar, producir, etc., todo en nombre de los grandes ideales que pregonan. Y supongamos que efectivamente el pueblo tiene esta venda y no sabe cuál es el camino recto y solidario, entonces, ¿quién define lo que es bueno o malo? ¿Quién define dónde está la línea divisoria entre una compra legítima y una consumista? ¿Cuántos pares de zapatos debe tener cada personas, 2, 3 ó 5? ¿Tener celular es consumista o legítimo? ¿Cuántos mensajes de texto y cuáles tipos son los correctos? ¿Son buenos los que se mandan a la mamá y malos a los amigos? El punto es que, al imponer por ley una moral, por muy buena y noble que parezca, se socava la misma justicia y equidad que pretenden resguardar.
Se atropella la justicia cuando cualquier persona entra, injustificadamente, dentro de la espera de mi derecho y me lo limita, usurpa o elimina. Ya la filosofía ha resuelto el dilema de lo justo contra lo bueno. El fin no justifica los medios. Si mi sangre puede salvar a mil personas pero yo no quiero que me la quiten, lo justo es respetar mi integridad personal aunque mil personas mueran. En esto es que hay una brecha insalvable con los socialistas. Ellos creen que el derecho de la mayoría está por encima del derecho de la minoría o del uno. Por eso, les es posible restringir la libertad de una persona a decidir si comprar un celular o medicinas, un televisor plasma para ver el mundial o un par de años de clases escolares para los hijos. Aunque mis decisiones sean inmorales, mi derecho de ser inmoral debe estar por encima de un supuesto bien común difuso. Mi derecho de ser alcohólico es el mismo derecho que protege al poeta o al doctor de serlo.
La razón es porque para que una sociedad funcione y prospere, debe existir la base de la “seguridad jurídica”. Por ejemplo, la libertad de expresión debe ser irrestricta (con las excepciones claras de seguridad) porque es la única forma que garantizar que ésta será expresada. Si filtramos o censuramos la información de alguna manera, bajo algún tipo de criterio, por muy bien intencionado que sea, corremos el peligro que la verdad o parte de ella sea suprimida sin querer o a propósito. Mi derecho de acumular cosas y poder disponer de ellas es indispensable para que el humano prospere. Esto debe ser una verdad evidente a simple vista. Para los socialistas no lo es. La forma como ellos justifican despojar al que tiene, es decir que él o ella lo hurtó, lo robó, lo adquirió injustamente en primer lugar y por lo tanto es legítimo quitárselo. Con esto, echan por la borda el principio básico de “presunción de inocencia”, la seguridad jurídica que, antes de acusar a alguien de actos punibles, debe ser demostrada su culpabilidad. Por eso, no tienen ningún problema de expropiar en nombre del bien común. Para el socialista, el pecado es ser rico, por defecto. Si eres rico, eres ladrón y punto. Según ellos, nadie debe ser rico porque eso es inmoral. Pero, para lograr un mundo sin gente rica, debemos ser todos siervos de una élite política que, irónicamente, es rica de todas formas. No existe ningún miembro de cualquier partido de izquierda en el país que esté en un curul legislativo (personas con la capacidad única de imponer al pueblo mandatos coercibles) que no esté dentro de la definición de pudiente; son de las personas de mayor riqueza y privilegios del país; todos y cada uno defendiendo el ideal socialista.
Continuamos en la próxima.